
La Caritas antoniana nació en 1976 pero tiene detrás una tradición centenaria. Deriva de la obra del
Pan de los Pobres, la primera obra de caridad, instituida por la Basílica del Santo en 1898 coincidiendo con la primera salida del
Messaggero di sant'Antonio. La palabra y la acción, el
Evangelio y la
caridad, es decir el corazón de los valores antonianos, se convertirán en las pautas del nuevo periódico.
El Pan de los pobres se remonta a un episodio relatado en la
Rigaldina, la más antigua vida de San Antonio. Una madre de Padua, que vivía cerca de la Basílica que se estaba construyendo, dejó a Tommasino, su hijo de 20 meses, solo en la cocina. El niño, jugando, cayó con la cabeza hacia abajo dentro de una tina de agua. La madre lo encontró sin vida. Empezó a gritar desesperada pero no se rindió. Invocó al Santo. Hizo un voto: si obtenía la gracia daría para los pobres tanto pan como pesaba el niño. La gracia le fue concedida.
Cuando en la basílica se instituyó el Pan de los Pobres, la obra ya era una tradición consolidada en todo el mundo. Incluso antes de 1898 los peregrinos se sorprendían al no encontrarlo en el lugar donde están conservados los restos del Santo. Sin embargo, cuando el Messaggero di sant'Antonio asumió su patrocinio, la obra se empezó a difundir como una mancha de aceite en muchas parroquias italianas y extranjeras.
Son tiempos de gran pobreza pero también de gran generosidad. El Messaggero apunta las ofrendas de los lectores para el Pan de los pobres que son cada vez más. En cincuenta años, la obra consigue distribuir más de 50 mil Kilos de pan y en menor medida otra clase de alimentos. La caridad no desciende ni siquiera en los momentos más difíciles como las dos guerras mundiales.
Las necesidades de los pobres crecen con el tiempo y pronto junto al Pan de los pobres nacen la Pía obra de las sopas de los pobres (1947) y la Obra de la leña de los pobres (1948). Comida más completa y posibilidad de calentarse son las dos necesidades más esenciales en la posguerra.
El nacimiento de la Caritas antoniana, como la vemos hoy, está precedida por un desarrollo de intereses dentro del Pan de los Pobres. En 1951, la obra da 1400 dólares a los afectados por los aluviones en la zona del Polesine (Italia). No es un caso aislado. En 1956 se dan ayudas a los prófugos de Hungría, de 1964 a 1966 el dinero se destina a paliar el hambre en el mundo, en 1966 se destina a los afectados por los aluviones en Florencia, en 1967 para los afectados por los aluviones en Lisboa y en 1971 por el Pakistán. Algo está cambiando: aumenta el bienestar en Italia. Gracias a la información de los medios de comunicación, la atención se dirige al tercer mundo.
Hacia la mitad de los años 70, las obras de caridad de la basílica son muchas y heterogéneas. Se empieza a ver la exigencia de crear una realidad unitaria que las gestione a todas y que tenga un campo de acción nacional e internacional. Y ya no solo paduano. El capítulo de los frailes de 1976 es el punto de inflexión: se decide instituir una realidad especial, la Caritas antoniana. De 1976 a 1979 ésta es todavía una organización informal. Se ocupan dos frailes
Guido Masnovo y
Franco Bonafè.
El primer proyecto está destinado a los damnificados por el terremoto de Friuli (1976). La Caritas antoniana tiene la primera investidura oficial en el sucesivo estatuto y reglamento interno, aprobado por el definitorio provincial -el órgano de autogobierno de los padres menores conventuales- el 29 de octubre de 1979: «Las obras caritativo-asistenciales de la provincia se organizan de forma más unitaria, inspirándose en el criterio de prevención de los necesitados, de promoción sistémica de las personas necesitadas, tanto con intervenciones de carácter urgente, como con programas que perduran, eligiendo áreas específicas».
Aparece expresado por primera vez un principio fundamental: no limitarse a la asistencia sino ocuparse de proyectos a largo plazo, capaces de eliminar las causas de la pobreza. La finalidad es “actuar, de forma orgánica y adecuada según las exigencias sociales del tiempo, los compromisos que la misma provincia de los frailes del Santo asume hacia los suscriptores del Mensajero de San Antonio, y otros eventuales donadores, que la delegan para que devuelva en ayuda caritativa-promocional lo que éstos en nombre de San Antonio pueden ofrecer”.
Hoy en día, la Caritas antoniana tiene como presidente al ministro provincial actualmente en el cargo. Pero quién se encarga en concreto de las actividades es el secretario, ayudado por un consejo directivo de religiosos y voluntarios laicos.
A pesar de las intenciones de extender el área de las intervenciones al extranjero, en los primeros diez años de vida la Caritas antoniana tuvo dificultades en ir más allá de las fronteras italianas. Los libros de cuentas revelan larguísimas listas de sumas de dinero dadas individualmente a personas necesitadas para alimentos, facturas, alquileres, pagos escolares, etc. Las intervenciones de mayor amplitud están ligadas a la Caritas italiana. Hay temor de hacerlo solos.
Pero las cosas cambian. Un artículo de la revista de junio de 1985, que salió en un especial para celebrar el número mil del «Messaggero di sant'Antonio», ofrecía una lista de los países donde actuaba la Caritas antoniana: Uganda, Ghana, Thailandia, Corea, India, Filipinas, América Latina y Polonia. Una novedad: padre Stefano Poletto, secretario de la Caritas antoniana de 1979 al 1989, empezó a crear redes de solidaridad con los misioneros, especialmente con los de la Orden.
Esta fue la base para un ulterior salto de calidad.
Un empujón en este sentido fue dado por el siguiente secretario de la Caritas antoniana, padre Pietro Beltrame (1989-1994). Misionero durante muchos años en América Latina, y por lo tanto buen conocedor de la extrema pobreza. Sabe que la indigencia de Italia, aunque es grave, no es desesperada. Hay otros entes que pueden ocuparse: los ayuntamientos, las parroquias, las caritas diocesanas, las obras de San Vincenzo... Hay zonas en el mundo completamente abandonadas, cuyos habitantes no tienen ni siquiera las más mínimas condiciones de vida. Estar allí donde no hay esperanza, esa puede ser la verdadera peculiaridad de la Caritas antoniana. Hay que repensar los modos de la caridad.
Antes que nada el padre Pietro define de nuevo los ámbitos de acción del Pan de los pobres y de la Caritas antoniana, que a menudo se confunden. El cambio empieza con la separación física de las sedes: el Pan de los pobres se queda en vía Orto Botanico, la Caritas antoniana, se traslada a la cercana vía Donatello. Uno se ocupará de los pobres que llaman a las puertas de la Basílica: mendigos, ancianos, inmigrantes, familias con problemas; la otra se ocupará de proyectos de desarrollo en los países del tercer mundo.
La Caritas antoniana hoy en día es una realidad institucionalizada.
La voluntad de los frailes es convertirla en una organización activa, rápida, sin un pesado aparato burocrático que retrasaría fondos a la solidaridad. Funciona sólo gracias a frailes y voluntarios. Tres veces al año, los miembros del consejo directivo se encuentran y valoran las solicitudes de ayuda. El ambiente es amistoso y afable, pero los criterios de selección de los proyectos son muy precisos:
1. Llegar a los últimos. No significa sólo preferir los países pobres por encima de los países ricos, sino descubrir las zonas más deprimidas de un país y, en el interior de estas zonas, las personas más marginadas: los niños respecto a los adultos, las mujeres respecto a los hombres, los indígenas respecto al resto de la población.
2. Sostener proyectos solicitados, organizados y sentidos por la gente. Pretender su ayuda en la realización y en la recuperación de los recursos. Evitar imposiciones en el modelo de desarrollo. Cada pueblo tiene en sí la fuerza de la propia salvación y mejor que ningún otro conoce las propias necesidades y límites.
3. Preferir proyectos pequeños y sostenibles. Evitar las realizaciones lejanas al nivel de desarrollo y de la sensibilidad de la gente. Mejor la escuela popular que el gran colegio, el pequeño ambulatorio que el gran hospital, los laboratorios artesanales que la fábrica con tecnología de difícil disponibilidad.
4. Preferir los proyectos de desarrollo a los proyectos de asistencia. Es fundamental derribar las causas de pobreza, dando a las personas los medios para caminar con las propias piernas. En casos de urgencia, cuando las soluciones son difíciles y lejanas respecto a las necesidades para aliviar los sufrimientos, la intervención de asistencia está asegurada de todas formas. Como en los casos de guerras, epidemias o catástrofes naturales.
5. Actuar en las mismas zonas con más proyectos. Esto permite eliminar más causas de pobreza, agilizando un desarrollo complexivo de la persona. Los proyectos múltiples son también los más seguros porque se basan en las relaciones consolidadas con las personas del lugar y con un conocimiento más profundo de los problemas.
La relación entre la Caritas antoniana y el Mensajero de San Antonio es muy estrecha. Las dos realidades, a pesar de tener una vida propia, están en simbiosis. La revista es hoy en día el medio de unión entre la organización de solidaridad y sus sostenedores. Y ha asumido un papel, todavía más importante en los últimos 14 años. Antes, la Caritas antoniana, aunque administrara las ofrendas de solidaridad que llegaban al Mensajero, aparecía muy pocas veces en las páginas de la revista. Parecía más importante el hacer que el decir. Y no es hasta 1988 cuando tiene un especial enteramente dedicado a sus actividades.
A partir de 1988 se inicia una nueva tradición. Cada 13 de junio, en ocasión de la fiesta del Santo, la Caritas antoniana propone a los lectores del Mensajero los tres proyectos de solidaridad más comprometidos del año, invitándolos a participar en su realización. Es un adaptarse a los tiempos: la miseria es en nuestros días un fenómeno planetario y nos sentimos impotentes respecto a los sufrimientos de muchos pueblos del mundo. A través del Mensajero, los lectores se hacen artífices del desarrollo y rescate, el nuevo modo de aplicar el Evangelio según las enseñanzas de Antonio.
Hasta 1990, los artículos que hacen referencia a la Caritas antoniana se concentran en mayo, con el balance de los proyectos del 13 de junio del año precedente, y en junio con la presentación de los nuevos proyectos. En realidad, los proyectos de la Caritas antoniana son muchos más. La institución está poco representada a los ojos de sus sostenedores. De esto se dio cuenta el padre Pietro Beltrame que a partir de 1991 hizo inserir una sección fija.
La mayor información pone en funcionamiento una relación de confianza y participación todavía más profunda con los sostenedores. De modo inesperado, crecen las ofertas destinadas a la solidaridad, y consecuentemente los proyectos realizados. Algunos son muy pequeños, de poco valor: un pozo, un minibus usado, algún animal para el pastoreo; otros son muy complejos porque intentan acabar con muchas causas de pobreza y de poner en marcha una vía de autodesarrollo. Crece el empeño de valoración y de control..
Es el padre Luciano Marini (1994-1997), el sucesor del padre Pietro Beltrame, quien traza el primer exaltante balance del trienio 1994-1996, el más provechoso, hasta aquel momento, de la Caritas antoniana. 170 proyectos llevados adelante por él y por el padre Pietro, en un aumento de compromiso y de implicación: 30 proyectos en 1994, 55 en 1995 y 85 en 1996. Son años caracterizados sobre todo por un gran empeño a favor de los niños de la calle de Brasil y por la recuperación de las niñas prostitutas: se financian casas de acogida y de recuperación que les dan de nuevo el modelo familiar, escuelas profesionales, pequeñas empresas artesanas, institutos que se ocupan de los niños con precedente penales.
Pero la solidaridad antoniana sigue otros importantes filones:
- la formación profesional y la puesta en marcha de microempresas para las familias pobres;
- los derechos de los indios y de las mujeres;
- el cuidado de los ancianos y de los minusválidos en estado de abandono;
- la salud;
- casas para los sin techo;
- el acceso al agua potable;
Los proyectos llegan a muchísimos países del mundo, sobretodo América Latina, Asia y África, e incluso las zonas de la Europa del Este y en algunos casos Italia. Con la inmigración los pobres están entre nosotros.
Es importante dar una señal contra las dos plagas de nuestros días: la falta de alojamiento para las familias de inmigrantes y la recuperación de las chicas esclavas de la prostitución.
Con padre Luciano Massarotto (1997 - 2005), uno de los fundadores de la Caritas antoniana, empieza una fase de reflexión que ya se respiraba en los mandatos de sus predecesores. Los proyectos realizados son muchísimos, pero hay que tener el valor de hacer más, de ponerse en primera fila, intentar llegar a las causas primeras de la pobreza. Las soluciones son difíciles y a menudo por encima de las capacidades de esta pequeña institución. Sin embargo, algo se puede hacer sin esperar más.
El primer punto para este cambio se encontraba ya de forma embrionaria en muchos proyectos de la Caritas antoniana. Hay muchos niños, ancianos, enfermos y minusválidos que son abandonados, el analfabetismo está muy difundido, muchos pobres mueren a causa de enfermedades banales o por falta de las más mínimas medidas higiénicas y muchas otras cosas. Las causas determinables son muchas pero hay una que supera a las demás: la debilidad económica, social y cultural de la mujer.
Esta conclusión, madurada por la experiencia de los misioneros, actualmente está confirmada por las estimaciones de las Naciones Unidas: son mujeres el 70 por ciento de los pobres, el 75 por ciento de los refugiados y dos terceras partes de los analfabetos del mundo, y sin embargo 828 millones de mujeres en el mundo desarrollan las dos terceras partes del trabajo mundial recibiendo a cambio 1 décimo de la renta mundial y 1 centésimo de los bienes disponibles. Sobre ellas pesa el mantenimiento de los hijos y de las personas débiles pero también el trabajo en los campos y en muchos otros sectores productivos. Es evidente que reforzar a las mujeres significa mejorar la condición de todas las personas que dependen de ellas. El trabajo para las mujeres y con las mujeres está convirtiéndose de hecho en una constante en los proyectos de la Caritas antoniana.
El otro modo de organizar la ayuda a los pobres es apoyando las finanzas éticas y difundiendo al máximo las informaciones sobre un modo de vida más sobrio, respetuoso con la naturaleza y con la justicia entre los pueblos. La Caritas antoniana lo está haciendo de distintas maneras: tomando prestado el modelo del microcrédito para algunos proyectos de desarrollo y dando la recogida de fondos a la Banca Ética, contribuyendo a las informaciones de este sito.
Desde el año 2005 la Caritas antoniana está dirigida por el padre Valentino Maragno, que tiene en su haber una larga experiencia en el campo de la solidaridad internacional. Ya antes de este último cargo formaba parte del consejo directivo de la Caritas Antoniana (1997) y era secretario de las misiones. Ahora, como responsable, Padre Maragno recoge el testimonio de sus predecesores, introduciendo en la obra de la institución una pieza importante: la red, es decir la capacidad de asociarse, de poner juntas a personas, entes, recursos, conocimientos tanto locales como externos para combatir las causas de la pobreza.
La red tiene que entenderse en dos sentidos: tanto como un modo de construir el proyecto, el cual está estructurado en módulos comunicantes, utilizando los mismos recursos para más servicios; que como participación al mismo proyecto de más entes y personas, cada una con la propia experiencia, profesionalidad y capacidad económica. Un ejemplo de esto son los proyectos de junio de 2006. La red de entes y personas se ha experimentado en el proyecto de reconstrucción de los hospitales de Maquela Do Zombo y Uìge en Angola. En el proyecto participan la ONG Cuamm medici con l’Africa, las autoridades sanitarias angoleñas, la Caritas Antoniana, la Diócesis de Uìge y la Unión Europea. Todos juntos están realizando un proyecto de considerables dimensiones y eficacia imposible de hacer de forma distinta.
Un ejemplo de proyecto hecho por módulos es el propuesto para frenar el hambre en Zway en Etiopía: junto a los pozos ya construidos, están surgiendo viveros, granjas de animales, un ambulatorio médico, escuelas para niños y cursos de formación para mujeres. Un proyecto a 360°, pensado junto a la población y a las autoridades locales, para extirpar desde la raíz más de una causa de pobreza a la vez.
Los proyectos más importantes son a menudo proyectos piloto, modelos de desarrollo exportables a otras zonas afectadas por las mismas problemáticas. Muchos de estos siguen el modelo del microcrédito, que prevé un pequeño préstamo en dinero o en medios de trabajo a personas o a familias para poner en marcha microempresas en condiciones de elevar los estándares mínimos de vida.
En 30 años la solidariedad antoniana ha hecho mucho camino, aprendiendo de la experiencia de que la verdadera solidaridad tiene que estar siempre dispuesta a ponerse en primera fila, a ponerse al día y a encontrar los medios más justos. En el respeto por los pueblos y por su modo de percibir el desarrollo.